Que alguien
pregunte por mi alma.
No sé donde la
vi por última vez.
Que entre las
hojas la pude tener cerca.
Aunque sin
asumir un papel.
Enfríate por
dentro,
Deseo mío de
carnalizar su cuerpo.
Que acabe
oscuro, como el terminar de cada día,
Entre tus pechos
y tu ombligo.
Porque tu
flaqueza llena todos mis poros,
Gran instrumento
armónico que es tu cuerpo.
Que toque las
desafinadas cuerdas de esta alma.
Que genere desde
mi interior, una música concreta.
Que así espero
encontrarte, alma mía.
Sino persigo ese
poderoso medio metro de pelo negro,
Tocare las notas
de mi redención,
Que se alejó de
vos hace tiempo.
Que alguien
pregunte por mi alma.
La volví a ver
cerca de mis libros.
Jugando a ser
historias, pensamientos,
Apareciendo
dentro de este cuerpo, para llenarse de sangre.
No me abandones,
alma mía.
Hoy te necesito,
en el presente de mi tiempo.
Para que me
recuerdes,
Lo mucho que te
adoro y te desprecio.
Porque hoy tanto
deseo que este conmigo,
Y toda tu
flaqueza arrope mis rincones.
Que tu pelo se
enferme con mi estupidez,
Y me suplique
por un poco de razón.
Así, hablemos de
lo mucho que te odio,
Y de cómo deseo
que vuelvas a estar dentro de mí.
Mi alma, que
perteneces a mí, que nunca te fuistes,
Y menos lo harás,
sin despedirte.
Regresa de una
vez, alma mía.
Hazte amiga de
mi soledad otra vez.
Ella te extraña,
y quiere oír tu voz animal,
Languideciendo
de placer.
Respóndeme, alma
mía.
Que quiero saber
si alguna vez,
Seremos azul y
blanco.
Azul mi vacio
fondo, y blanca, tu hermosa piel.
¿Quién es hoy mi
musa, alma mía?
Te hablare, y te
pediré que regreses a mí.
Para poder, al
fin, carnalizar tu cuerpo,
Y así ser, celestes
en un pincel.
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