sábado, 18 de febrero de 2012

Grisel

Nombraba las palabras del mañana
Y hacia interactuar a su blusa,
La que le cubrió todos sus miedos,
Con las ráfagas onduladas del viento.

Visitaba los barrios que habitaban sus pesadillas,
Donde aun reposan las manos que la sostuvieron
Que por fuertes,
De a poco la encogieron.

Mordía los zumbidos glamorosos
Que los personajes de su vida cantaban,
Hasta que de sus dientes,
La sangre chorreaba.

Se tocaba, sola,
Y descubría, sola,
Los contrastes que la luz del encierro
Generaban en su cuerpo.

La dulce Grisel, amaba a nadie,
Y nadie, fiel a su amor, la pasaba a buscar.
Allí iba Grisel, de la mano de nadie,
Queriendo besar el conjunto de todos los seres vacios,
Armados, bebidos y generados,
Por la misma nada.
Nadie abrazaba a Grisel,
Y ella entre los abrazos de nadie,
Sentía el calor que la dulce soledad te provee
Al hacerte el amor.

Feliz Grisel, feliz.
Aférrate a ese nadie que tienes por compañía,
Para que lo duermas y lo muerdas,
Y veas la cantidad de amor que encuentras en la nada.
Ama a nadie Grisel, para que te responda con soledad.
No ames a nadie, y tal vez seas feliz.

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