Nombraba las palabras del mañana
Y hacia interactuar a su blusa,
La que le cubrió todos sus
miedos,
Con las ráfagas onduladas del
viento.
Visitaba los barrios que
habitaban sus pesadillas,
Donde aun reposan las manos que
la sostuvieron
Que por fuertes,
De a poco la encogieron.
Mordía los zumbidos glamorosos
Que los personajes de su vida
cantaban,
Hasta que de sus dientes,
La sangre chorreaba.
Se tocaba, sola,
Y descubría, sola,
Los contrastes que la luz del
encierro
Generaban en su cuerpo.
La dulce Grisel, amaba a nadie,
Y nadie, fiel a su amor, la
pasaba a buscar.
Allí iba Grisel, de la mano de
nadie,
Queriendo besar el conjunto de
todos los seres vacios,
Armados, bebidos y generados,
Por la misma nada.
Nadie abrazaba a Grisel,
Y ella entre los abrazos de
nadie,
Sentía el calor que la dulce
soledad te provee
Al hacerte el amor.
Feliz Grisel, feliz.
Aférrate a ese nadie que tienes
por compañía,
Para que lo duermas y lo muerdas,
Y veas la cantidad de amor que
encuentras en la nada.
Ama a nadie Grisel, para que te
responda con soledad.
No ames a nadie, y tal vez seas
feliz.
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