descubro las cicatrices que me entregó
haber pensado demasiado mis palabras.
Corrigiendo las acentuaciones de mi boca
percibo errores graves de locución
y nada se compara con encarar mis faltas.
Memorizando las viejas reglas,
conozco nuevas herramientas
que me permiten destruir aquellas normas que me
aquejan.
Volviendo mi lenguaje mas perfecto
y amigando mis sentidos con mi intelecto
ahora si es digno describir esos cuerpos.
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