martes, 27 de diciembre de 2011

Los pasos sobre la acera


El hombre que camina sobre la acera,
Piensa, reflexiona, medita.
Percibe su alrededor,
Piensa en los pasos que hizo,
Y en los que siguen.

A veces no son más que pasos,
O simples baldosas que sostienen a un cuerpo.
En cambio, otras veces,
Es el tiempo que se manifiesta.

El hombre que camina sobre la acera,
Ve, observa y describe.
Traduce el ambiente en su cabeza,
Piensa en la próxima baldosa,
Y analiza la que dejo atrás.

El sabe que su tiempo es finito,
Y conoce la puerta que lo espera al final del camino.
Pero pretende tallar en su retina cada imagen que figura ante sus ojos,
Para así, eternizar el trayecto.

El hombre que camina sobre la acera,
Escucha atentamente.
Las voces del pasado son su música,
En el presente solo oye ruido,
Mientras que al futuro, le da miedo escucharlo.

Los pasos sobre la acera son duros,
Firmes, decididos, convencidos.
Sus estruendos dibujan corcheas en el aire,
Que atraen la atención de los transeúntes entristecidos.

El medio es atractivo, es parte del camino.
Decorado con paredes de colores,
Es, desde el inicio,
Un mundo de reflexiones.

La acera tiene distracciones.
Cincuenta y dos pulgadas de vacío,
Y una mujer de rojo,
Regresa a su hogar luego de un viaje en bicicleta.

La acera se termina.
El final está a la vista,
Solo a la vuelta de la esquina.
Simplemente, cruzar una avenida.

Mirar la hora significa ansiedad,
La ansiedad de concluir el camino.
“No desesperes hombre,
Que al final de la acera, una mujer te espera”.

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